LA FELICIDAD CONSISTE EN TENER BUENA SALUD

El médico psiquiatra Español Enrique Rojas, sigue escribiendo y respondiendo para todo público algunas pequeñas preguntas de la vida amorosa, y también sobre la felicidad, la paz interior…(Revista PARA TI, abril 2015)

Enrique Rojas (Granada, 1949) es Catedrático de Psiquiatría y Director del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas de Madrid. Su formación clínica y universitaria se ha desarrollado sobre todo en Madrid, Oxford, Londres y Nueva York. Es colaborador habitual de ABC, El Mundo, La Nación de Buenos Aires, El Mercurio de Santiago de Chile y Excélsior de México. Multifacético y multipremiado, Rojas, dedicó gran parte de su vida a investigar las depresiones, la ansiedad y los trastornos de la personalidad.
Sin embargo, durante los últimos años, se ha interesado particularmente en analizar los vínculos de pareja y la falta de compromiso. “El amor conyugal es como el parapente. Se ha convertido en un deporte de alto riesgo. En este momento, es más fácil ver más parejas rotas que enteras”, asegura.

-Usted dice que el psiquiatra se ha transformado en el médico de cabecera, y que las consultas por crisis conyugales han crecido muchísimo durante los últimos años. ¿Cuál es el denominador común de estas crisis? ¿Existe un denominador común? 
El denominador común es la situación de tensión en la pareja. Pero es importante aclarar que tiene, al menos, cuatros características fundamentales:
1- La tendencia a discusiones interminables.
2- La frecuencia con la que se saca la lista de agravios del pasado.
3- La incapacidad de tener un diálogo fluido sin agresiones verbales y, en cuarto lugar, que el proyecto de vida en común (a pesar de los esfuerzos por recuperarlo) se ha quebrado en los últimos tiempos.

– ¿Cómo hacemos para consensuar y negociar con nuestra pareja los deseos propios y ajenos? ¿Por qué –muchas veces- se nos hace tan difícil luchar por un proyecto en común, sin desencontrarnos? 
Porque el amor conyugal tiene un alto porcentaje de artesanía psicológica, y es muy importante entender esto. Por otra parte, para que una pareja funcione bien, tiene que haber una buena relación entre proximidad y distancia.

-Encontrar el equilibrio que existe entre el amor propio y ajeno, no es una tarea fácil…¿Será eso lo que nos confunde, y no nos permite ser felices? 
Una de las cosas más importantes de la madurez psicológica es la sencillez. Nos cuesta entenderlo, pero es el arte de saber reducir lo complejo a sencillo. Ese es, entre otras cosas, el gran secreto para no perder la paz. Si hablamos de felicidad me parece interesante poner el ejemplo de Tomás Moro. Yo tengo una gran pasión por este personaje del siglo XVI. Tomás Moro es el único que no firmó el decreto de nulidad de matrimonio del Rey Enrique VIII y, en consecuencia, fue preso. Muere en la cárcel, arruinado; solo. Pero lo más interesante de todo esto, es que en su último libro habla de la felicidad.
Dice en unas de sus páginas: “estoy feliz porque muero amigo del Rey y fiel a mi Dios”. La felicidad no depende de la realidad; la felicidad depende de la interpretación de la realidad que uno hace.

-¿Nos da culpa ser felices?
La felicidad consiste en sacarle el máximo partido a la vida personal en cuatro grandes temas que son: amor, trabajo, cultura y amistad. A eso le llamo yo, vida lograda. Ser feliz es, de alguna manera, tener la capacidad de perdonarse uno los fallos, los errores, y las metidas de pata de la propia trayectoria. La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria.

– ¿La sensibilidad tiene mala prensa? ¿Por qué cree usted que muchos confunden sensibilidad con debilidad? 
Nosotros, los psiquiatras, que somos boxeadores de intimidades y bajamos al sótano de la personalidad, nos damos cuenta de la fragilidad de la conducta humana. Y esta fragilidad está íntimamente ligada con la sensibilidad psicológica. No está mal ser sensible, pero hay que saber moderarla. Hay dos tipos de sensibilidad: la sensibilidad estética, y la sensibilidad psicológica. A esta última hay que moderarla. Hay que buscar una ecuación entre ser racional y ser afectivo. Me parece interesante el ejemplo que pone Ortega y Gasset, uno de los padres del pensamiento español del siglo XX, cuando hablaba del hombre clásico y el hombre romántico. El hombre romántico, es el que describe la corriente de un río desde adentro; hay un contacto de las piernas con el agua. Y con el hombre clásico, no sucede lo mismo.
El hombre clásico describe la corriente de un río desde afuera; hay una distancia con el río. Por eso, la descripción que hace del torrente es más desapasionada; más fría y más cerebral. Resumiendo, podemos decir que la persona madura, en realidad, tiene que tener la capacidad de unir estos dos grandes ingredientes: ni demasiado cerca, ni demasiado lejos. Ni demasiado afectivo, ni demasiado racional. Ese es el reto.

-¿Le tenemos miedo al amor? 
El amor conyugal es como el parapente. Se ha convertido en un deporte de alto riesgo. En este momento, es más fácil ver más parejas rotas…que enteras.

-Desde que nacemos…los mandatos, los discursos ajenos y las etiquetas, nos persiguen siempre con la misma fuerza. ¿Cómo y de qué manera nos damos cuenta si somos lo que queremos ser o, en realidad, nos estamos transformando en lo que los otros quieren que seamos? 
Esto tiene que ver con la personalidad dependiente. Y la personalidad dependiente tiene cuatro características muy marcadas. En primer lugar, le afecta mucho el qué dirán. Es decir, cualquier comentario de los demás lo afecta muchísimo, y ese es un gran error de base. En segundo lugar, le cuesta ser natural. En tercer lugar, podemos decir que la tercera característica de esta personalidad (que está dependiendo de los mandatos) es que busca en exceso la aprobación de los demás y, en cuarto lugar, o la cuarta característica de esta personalidad es que no es libre; para nada libre. Esto significa que cualquier fallo, y metida de pata (clara o aparente) la vive de forma dramática. Y, por último, a todo esto le agregaría una quinta nota: el esfuerzo titánico por no compararse uno con los demás. Esas cinco claves, nos hacen libres.

-No debemos compararnos con los demás, eso es cierto. ¿Pero qué hacemos frente a la falsa vidriera de las redes sociales que, muchas veces, nos invade y nos obliga a compararnos (de manera consciente o inconsciente con los otros? 
Las redes sociales lo llenan todo. Hay que saber utilizarlas de manera inteligente. Porque la felicidad consiste en tener un proyecto de vida coherente y realista. Un proyecto de vida en el podamos conjugar modo, trabajo, cultura y amistad. Por eso, mirar vidas ajenas, es peligroso. Hay que tener cuidado, porque al hacerlo, aparece una enfermedad del alma que se llama envidia. Y la envidia existió, existe y existirá.

-¿Qué es la envidia?
La envidia es tristeza ante el bien ajeno. Y la clave para salir de la envidia es la emulación. Es decir, en lugar de amargarnos por todo lo bueno que vemos en otras personas, pensar que lo más inteligente será copiarlo en nuestra vida si es posible. En ese momento es en donde entran los modelos de identidad.

-No resulta demasiado fácil encontrar buenos modelos de identidad… 
No, claro. Porque vivimos en una sociedad psicológicamente enferma (hablo del mundo en gral) y los modelos que aparecen, son modelos rotos. Interesa la vida de los que tienen fama, no de los que tienen prestigio. Y sucede algo curioso, nos interesa que la vida de aquella persona con la que intentamos identificarnos o, en algunos casos, nos quieren vender, esté rota. Interesa la vida de los famosos partida por la mitad; saltando por los aires. Y eso puede verse en todos los medios de comunicación. También es importante reconocer que, irónicamente, muchas personas se sienten un poco mejor al compararse con todo aquello que parece perfecto… pero, en realidad, está destruido.

-¿Sería un falso consuelo? ¿Funciona como un placebo?
Claro, es un placebo. Porque de esa manera neutralizan los daños personales. Un falso consuelo que, por otra parte, alimenta el fondo morboso del ser humano.

-En la década de los 90 usted definía de una manera casi premonitoria al “hombre light” de estos tiempos modernos. Hoy, este hombre light ( hedonista, superficial y vacío) aparte se esconde (como si eso fuera poco) detrás de una computadora. Perdió, además de la capacidad de empatía, las ganas de tener contacto físico con los demás. ¿Se anima a decirme cómo y de qué manera va a relacionarse este “hombre light” dentro de veinte años?
El hombre light del año 90, ha cambiado muchísimo. El hombre light de la década de los noventa, hoy tiene una vida rota. Porque para él todo es ligero; es liviano. Tiene varias separaciones conyugales y, en algunos casos, no tienen más porque no hay bolsillo que lo permita. Siguen utilizando a los demás; instrumentalizan a los demás. En cuanto al trabajo, son personas que no han sido capaces de tener un nivel profesional adecuado, y tampoco tiene cultura. Y eso es terrible; porque la cultura es la estética de la inteligencia. La cultura es, de alguna manera, la botella que un naufrago encuentra en altamar con un mensaje positivo. El hombre light tampoco tiene amigos; tiene conocidos, pero no amigos. Porque en la amistad hay que entregarse, hay que abrir el corazón, y el hombre light no sabe de eso. Él vive en una falsa interpretación de la realidad. Es un hombre perdido.

-Usted ha escrito bastante respecto al síndrome de Simón. ¿Qué diferencias existen entre el hombre light y el hombre que padece el síndrome de Simón?
El síndrome de Simón se da sólo en el hombre de más de 30 años, Soltero, Inmaduro, Materialista, Obsesionado con el trabajo y Narcisista. Él se camufla debajo de todo esto, y le tiene pánico al compromiso. Vive con los padres, sale con chicas sin comprometerse y, cuando siente que las mujeres quieren una relación seria, huye. Se escapa.

-¿Por qué los hombres y las mujeres estamos tan desencontrados?
Hay cuatro cosas que son básicas para mantener la estabilidad en la pareja: mantener la admiración por el otro, el respeto, la complicidad, y ocuparse de la vida sexual.

-¿Puede describirme cada uno de ellas? 
El respeto debe ser de palabra y de obra. En mi último libro “No te rindas”, digo que en los momentos conyugales difíciles, la palabra es plata… y el silencio es oro. Porque aprender a callar es sabiduría, y porque el que controla su lengua, se gobierna en un noventa por ciento. La complicidad, es fundamental. Porque la complicidad es un lenguaje subliminal, mágico y que es algo difícil de verbalizar. La complicidad, en realidad, es un sobreentendido. Y respecto a la vida sexual, lo más importante es que pueda ir actualizándose con el paso del tiempo. La intimidad entre dos personas, debe ser grande y sagrada. Esas serían las cuatros notas para mantener una relación sana.

-Usted en su último libro habla mucho de la autoestima ¿Qué relación existe entre la autoestima y el deseo? 
La autoestima es seguridad en uno mismo. Es reconocer que uno vale. Y siempre que hablo de autoestima, me acuerdo del señor que atiende la verdulería de al lado de mi consultorio. Cada vez que voy a la frutería él me dice: “Dr Rojas, yo vendo las mejores frutas de Madrid”. Y eso es autoestima. Eso es confianza y seguridad en uno mismo. Y no hablo de tener una carrera o una profesión, porque podemos encontrarnos con un abogado que se sienta muy amargado porque un colega gana más que él, por ejemplo. Por eso, hay una ley en psicología que dice: para estar bien con los demás, uno debe estar bien con uno mismo.

-¿Qué es el amor? 
El amor es el deseo de salir de uno mismo, y encontrarse con alguien a quien uno le entrega los papeles del tesoro escondido. El amor es la alegría ante el bien. El amor es el bien. Pero si el amor no se acompaña de la palabra sacrificio, renuncia y donación, suena a papel mojado. El amor es la poesía de los sentidos. Uno de los grandes errores del siglo XX ha sido creer que el amor era solo un sentimiento, y no es así. El amor además de un sentimiento, es un acto de la voluntad. Es la determinación de trabajar el amor elegido. En los amores inmaduros la voluntad brilla por su ausencia, y el amor debe ser inteligente. Es decir, saber aplicar los instrumentos de la razón, pero sin pasarse de la raya. Por otra parte, el amor se perfecciona en el perdón; y aprender a perdonar, significa grandeza de corazón.

-Muchas veces nos cuesta perdonar… 
Sí, porque para perdonar, antes hay que entender algo que es fundamental: el perdón se acompaña del esfuerzo por olvidar los agravios recibidos.

-¿Entonces el amor para toda la vida es posible? 
Claro que es posible, es posible si uno lleva una vida sana y positiva. Yo llevo 31 años de casado con una mujer que es una fuera de serie. Mucha gente le tiene miedo al amor, pero el amor es el primer argumento de la vida.

– Entrevista Luciana Prodan – (Revista PARA TI, abril 2015).

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